¿AFRO QUÉ?…

28 11 2009

Cada día que pasa alucino más y más con la cultura progre y sus ocurrencias.

Ahora les ha dado por regalar a las mujeres africanas, residentes en España se supone, el enorme calificativo de “afroprogresistas”. Es curiosa la habilidad de los representantes de la progresía en nuestro país para etiquetar todo lo que pasa por sus manos, y al mismo tiempo, sin darse cuenta (o sí), relegar al ostracismo todo lo que no lleve incorporado la palabra “progresista”.

Esta bien reivindicar los derechos de las mujeres, incluso si éstas son africanas, pero no me parece muy bonito hacerlo solo con las que son progresistas. ¿Y el resto?. Es posible que las “afrofachas” (ya se sabe que todo lo que no es progre, es facha) no entren en ese proyecto de “visibilización” e integración social. Es posible, incluso, que las “afrofachas” ni siquiera puedan ser consideradas como mujeres. Y mucho menos como africanas.

Y todo ello, de la mano de Leire Pajín (ejemplo de como se puede levantar el puño sin sentir vergüenza por los dos o tres sueldos que ya cobra), y de Pedro Zerolo (ejemplo de lucha contra la discriminización solamente de aquello que coincide con su ideario).

De esta forma, no me extrañaría que de la mano de toda esta cultura progre (reinventada día a día por el gran hermano progre ZP), comenzasen a surgir conceptos como “hispanofacha”, “homocubano” (enemigo de la revolución camuflado de homosexual), o “caudillodescendiente”, para terminar de definir con claridad quien está o no dentro de ese pensamiento único que es el progresismo.

Al final, la realidad es que de las mujeres a las que intentan abducir con ese gran regalo del progresismo, lo único que pretenden son sus progresistas votos. Está claro que a las que están “allá” y que ni siquiera saben lo que significa ni “progre”  ni “facha” (están demasiado ocupadas intentando sobrevivir y que no se les mueran los hijos) no les va a llegar ni una sola gota de “visualización” progre (están demasiado ocupados perdonándonos la vida a los demás).





LA MENTIRA COMO ESTILO DE VIDA

22 11 2009

Me he pensado mucho si escribir esta entrada o no hacerlo. Estoy algo cansado de buscar explicaciones a los insultos que cierta persona se ha empañado en dedicarme, pero también estoy cansado de observar la impunidad con la que se dedica a hacerlo.

Hace alguna semanas, publiqué otra entrada (“ESOS PEQUEÑOS FASCISTAS”) dedicada a esta persona, y que luego retiré con la intención de acabar con el problema (pedirle que deje de meterse conmigo mientras yo sigo haciéndolo no sería muy coherente).

El gesto no ha servido de nada. Esta persona, a pesar de mi actual indiferencia hacia él, continua insultándome y difamándome sin piedad utilizando mis mensajes y opiniones en Twitter, que ya hace tiempo no van dirigidas a él.

Aparte de llamarme homófobo, racista radical, troll, burlarse comparando mi aspecto con el de un hindú (¿Tendrá él algo contra los hindúes?) o utilizar el photoshop para fabricar fotos con mi imagen y la cara de Urkel, e incluso permitirse el lujo de lanzar proclamas contra mi forma de educar a mi hija, la última de sus ilustres frases reza así:

“…tiene varios nicks, antes se hacía pasar por un tal Taz,luego se inventó una historia de que era amigo mio y hasta amante”

Como es lógico, este comentario se lo dirige a otros twitters que no me conocen, no pudiendo darse cuenta de la falacias y la mentiras que contienen.

Taz fue un bloguero (“El Salmorejo”) bastante conocido, hace un par de años, en ciertos foros y que, muy lejos de defender sus ideas (en este caso muy de derechas), se dedicaba literalmente a insultar con muy malos modos al personal. En especial, a esta persona que ahora me insulta a mi.

En aquel entonces, yo tenía un blog llamado “La Alternativa” (al igual que este, pero en Blogger y con más actividad que en el actual). Observando tal acoso hacia el que entonces creía un viejo amigo, publiqué una entrada en su defensa el 27 de Abril de 2007:

“UN BUEN AMIGO LO ESTÁ PASANDO MAL

Tras mi sincero homenaje a Rostropovich, no pensaba publicar ninguna entrada más por hoy. Pero hay tres cosas que no soporto: que hagan daño a mi familia, que hagan daño a mis amigos y, por último, que me hagan daño a mí.

Durante las tres últimas horas he podido comprobar como se le está haciendo daño a la segunda de esa categoría de cosas que no soporto, pero que por efecto “rebote” también afecta a la tercera.

Mi amigo Raúl está siendo acosado y casi obligado a cerrar su blog por culpa de alguien que no ha entendido lo que significa la palabra “conversar”. Raúl tiene unas ideas, y yo tengo otras. Él lo sabe y yo también. A veces, incluso, hemos tenido algún que otro “enganchón” en su blog o en el mío (el de antes), pero siempre desde el respeto.

Reconozco que el debate, desde la corrección dialéctica, me divierte muchísimo. No creo en la absoluta razón de los demás, pero por ese mismo motivo tampoco creo en la mía propia. Aunque a veces sus métodos no me resulten adecuados, y quizás los míos tampoco los sean a veces, quiero darle un homenaje y un empujón de ánimo a mi amigo Raúl por ser fiel a sus convicciones.

Mal nos iría a todos si perdiésemos nuestras convicciones y además perdiésemos también nuestra compostura.”

Más tarde, yo mismo fui victima, presuntamente, del tal Taz, que se dedicó a clonar mi perfil en Blogger. Supuestamente por mi apoyo a Raúl.

De manera que, en respuesta a las falsedades que éste último publica ahora en Twitter sobre mi, he de decir que jamás he tenido varios nicks (solamente una vez intervine en su blog como anónimo y ya no recuerdo que alias puse. Luego me arrepentí por mi estupidez). Siempre he sido Carlos García Rodríguez, o Carlos García a secas, o Carlos G. Rodríguez (así firmo mis obras musicales), o Carlos García R, o CGR63, nick con el que comencé en twitter y que luego cambié precisamente por parecerme demasiado impersonal.

Por supuesto, jamás me he hecho pasar por el tal “Taz”. Reconozco que hubo una época en la que, ya con las relaciones bastante deterioradas, me metí bastante con Raúl, pero siempre dando la cara.

Él sabe que la “historia” de que eramos amigos de jovencitos es cierta. Sino, ¿Cómo es posible que él, su esposa y su hija recién nacida estuviesen en mi boda en el año 1991?  ¿Cómo es posible que yo posea fotos de aquella época y de años anteriores? (Tranquilo, no las voy a mostrar).

Lo de “amante”… pues no se de donde se lo saca. Supongo que puestos a mentir e inventar cosas sale de todo.

Por lo demás, soy un tipo bastante normal. Incluso algo aburrido. Vivo en un piso de 63 m2, comprado hace 11 años de segunda mano en Leganés, y por el que sigo pagando una hipoteca. Me casé, como ya he dicho, hace 18 años con una mujer que no merezco. Tengo una hija de 14 años de la que cada día nos sentimos más orgullosos (como cualquier padre, supongo). Trabajo por cuenta ajena para una empresa de servicios, con un sueldo de 32.850 euros brutos al año (y no pongo mi DNI por lógica prudencia). Me apasiona la música, sobre todo la conocida como “clásica”.

No odio ni a los homosexuales (ni al resto de categorías LGTB), ni a los inmigrantes ni a las mujeres (alguna vez me llamó misógino por hacer un crítica política de la Vicepresidenta De la Vega). Simplemente me creo con derecho a cuestionar ciertas actitudes que se practican desde algunos de los colectivos (generalmente afines a partidos políticos) que los representan.

No milito en ningún partido político y de siempre he votado al PP, excepto en las pasadas generales que comencé a votar a UPyD.

No soy ningún nostálgico del franquismo, entre otras cosas porque yo tenía 12 años cuando ese señor murió y apenas me acuerdo ni de él ni de su régimen. Mi memoria política y mis ideas se forjaron con la democracia y la Constitución que actualmente poseemos.

Y si alguien quiere saber algo más, solo tiene que preguntarlo. Las puertas de este blog están abiertas de par en par. Y quizás ese ha sido el problema de Raúl: no querer saber nada más que las cuatro palabras que le interesaban para poder manipularlas y atacarme.

¿La finalidad?… aún la desconozco.





UN DIA EN SEGOVIA

12 10 2009
acueductosegovia

Fotografía: Natalia García Díaz

Caramba… Hacía ya miles de años que no visitaba la ciudad de Segovia. Y eso que está a poco más de una hora de Madrid.

Y he de decir que, a pesar de ciertas dificultades, he disfrutado como un enano.

Las dificultades… las típicas de un espléndido día de puente del Pilar: invasión masiva de visitantes, nosotros incluidos (habría unos diez mil millones de personas en Segovia ayer, calculando por lo bajo), dificultades para comer a una hora decente (aunque al final tampoco se dio mal; es cuestión de echarle algo de paciencia y un par de cervecitas). Pero la que más, la subidita a la torre de Juan II del Alcázar.

Se trata de una escalinata en forma de caracol, cuyos 152 peldaños no exceden de los 90 centímetros de ancho. Pero eso es lo de menos, si uno tiene ganas de pegarse la paliza y subir (merece la pena; las vistas de Segovia desde lo alto son magníficas). Lo malo es que no existe, por parte del Patronato del Alcazar, ningún tipo de organización ni control sobre la cantidad de gente que sube o baja. Ello implica que en un espacio tan empinado y angosto se crucen decenas de personas. Unas que suben extenuadas y otras que bajan deseando pisar “tierra firme”.

Ayer precisamente se vivió un momento de angustia, mientras bajábamos, que es necesario denunciar (y así lo hicimos ante los bedeles que controlaban la entrada al Alcázar). Hubo un momento de atasco en el que no eramos capaces de bajar ni de subir (quienes lo estaban haciendo).

Teníamos 20 metros de escalinata hacia arriba y otros 20 hacia abajo, y durante los eternos 3 ó 4 minutos que duró aquello se pudieron empezar a oír gritos de desesperación, angustia e indignación, tras los cuales conseguimos continuar bajando.

Aun desconozco como fuimos capaces de organizarnos todos los que allí estábamos para acabar con aquella agobiante situación, pero lo que si puedo adivinar es que cualquier día puede haber un disgusto en esas estrechas escalinatas.

¿Tan difícil y costoso es poner a dos personas, con walke-talkies, una arriba y otra abajo, y regular los grupos que suben y bajan, de forma que nunca se crucen a mitad de camino? ¿Tan difícil es prever que a alguien le pueda dar un desvanecimiento o situación de pánico y facilitar así una posible evacuación?

Aquello es una ratonera, pero un bonito cartel a la entrada de la torre indica claramente que la subida es de “exclusiva responsabilidad de los visitantes”. Pero se equivocan. Desde el momento en el que se cobra dinero para visitar esa torre se adquiere una responsabilidad que, ojalá, jamás sea de carácter penal.

También espero que los responsables del Patronato del Alcázar de Segovia se lo piensen. El tema es bastante más serio de lo que parece.